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Sobre el acto de escribir


La Literatura es como un ave majestuosa cuyas garras no conocen la piedad: atraviesan los océanos, desgarran el firmamento con pasión. Escribir, entonces, se convierte en un acto de inmolación: una está completamente expuesta, a merced de esas garras inverosímiles, aun, posibles. Es un error pensar que la escritura arribará a algún puerto sin el buque de la lectura, y es que uno no puede alimentarse solo de agua, también se necesita el pan. Pero no solo de pan vive el ser, sufrimos de carencias profundas: la Literatura es el alimento por excelencia.

Recientemente tuve el placer de escribir una novela. Durante el proceso creativo, que es sagrado, tuve lagunas de vacío, y el terror asomó en mis pensamientos: tuve horror de pensar que no sabría cómo continuar la historia. Surgió el famoso “bloqueo de escritor”; que nunca me ha gustado la frase, porque creo que muchos la usan para justificar su ociosidad. Sin embargo, me estaba ocurriendo, y la desesperación comenzó a posarse en mis noches. No fue sino gracias a Günter Grass y sus palabras que pude hallar sosiego: después de escribir un libro, viene un período de sequía, y es mejor llenar los meses subsiguientes con otra actividad; en el caso del notable escritor alemán, se dedicaba al grabado; poco después la llama literaria volvía a encenderse en sus dedos, y podía comenzar un nuevo proyecto. Afirmaba en una entrevista, que es posible escribir sin ese lapso de “descanso”, y que de hecho muchos escritores lo hacían, pero terminaban escribiendo libros insustanciales. Me tranquilicé. Días después, encontré en mis sueños una fuente inagotable de creatividad, y pude continuar mi historia.

Leí alguna vez que para comprobar la calidad de lo que escribimos, es necesario plantearnos la pregunta: ¿estoy escribiendo un libro que me gustaría leer? Si al revisar el manuscrito nos aburrimos, entonces deberíamos replantear el proyecto. Al releer mi novela terminada ─que la leí de un tirón en tres horas y media aproximadamente─, no pude evitar emocionarme hasta las lágrimas; entonces hice el test, y sí, es el tipo de libro que compraría y lo leería con avidez.

Virginia Woolf hablaba sobre la fe, la fe en uno mismo. Cuando somos escritores desconocidos, pero la flama literaria que llevamos dentro está encendida y resuena como un bárbaro aullido, ¿cómo estar seguros de que lo que escribimos vale la pena? Allí, en la soledad, allí en la oscuridad, en la absoluta ceguera, surge la esperanza, surge la luz, donde impera la fe ciega en la Literatura, donde se encuentra la felicidad.

El acto de escribir no es una mera acción, va más allá de lo mecánico, porque confluyen una serie de factores metafísicos, de procesos inexplicables y sobrenaturales. La Literatura no es parte de la vida, la vida es parte de la Literatura.


Artículo originalmente publicado en el blog de Catarsis Cultural.

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Karina Luz Bocanegra (Perú, 1986) es escritora, gestora cultural y comunicadora social. Fue distinguida en certámenes literarios a nivel nacional. Ha publicado El Ángulo Abierto de la Noche (2015), Planeta Délfico y otros cuentos (2017), Enlightenment of Derangement (2018), En este desierto florecen océanos (2018) y El Guardián del Planeta Délfico (2018). Fue invitada como escritora a eventos literarios nacionales e internacionales entre los que destacan el I Encuentro de Poesía Joven en Ecuador (Ministerio de Cultura de El Oro) y «Arequipa Imaginada» (Ministerio de Cultura del Perú). Poemas y cuentos de su autoría fueron publicados en antologías y revistas de Perú, México, España e Isla Margarita.

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