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    París no siempre fue una fiesta

    París no siempre fue una fiesta, sobre todo cuando a la mitad de la noche tienes que entrar con tu madre a una casa extraña y hablar con gente desconocida que está allí para burlarse de un gigante feo y deforme. Pobre criatura monstruosa solitaria que grita de dolor todas las noches frías como el mar vestido de negro; y yo, que jamás he visto a este infrahumano, me escondo de las hordas de comensales y parloteos incesantes. Mi madre quiere irse, yo quiero encontrar un lugar; mi madre desaparece y con ella los invitados que van perdiendo interés en la criatura. Me he quedado sentada en el sofá verde,…